La Selección Mexicana cerró otra fecha FIFA entre abucheos, frustración y un eco que se repite cada vez con más fuerza: el equipo no encuentra rumbo.
El 1-2 ante Paraguay no fue solo una derrota más; fue la confirmación de que el Tri atraviesa un periodo oscuro en el que las respuestas son pocas y las dudas crecen con cada partido.

Javier Aguirre, elegido para enderezar el camino, acumula seis encuentros sin ganar y, aunque el proceso aún es corto, el discurso de paciencia comienza a desgastarse.
En la cancha no hay señales de evolución y en la tribuna se revive incluso el grito prohibido, síntoma inequívoco de un público que se siente distante y desencantado.

Sin ilusión
Las cifras hablan por sí solas: 9 goles recibidos y solo 4 anotados en seis partidos. La Selección no ataca con claridad, no defiende con orden y, sobre todo, no compite con la intensidad que exige su jerarquía.

Con estos números, pensar en un buen papel en el Mundial de 2026, que México coorganizará, parece hoy un acto de fe más que una proyección deportiva.

La situación es tan seria que el Tri está a un paso de igualar su peor racha sin victoria: siete partidos, registrada bajo el mando de Miguel Herrera. No es solo un mal momento; es una tendencia.

Paraguay expuso las grietas
Ante Paraguay, los goles de Damián Bobadilla (46′) y Antonio Sanabria (48′) evidenciaron lapsos de desconexión defensiva que ya se han vuelto costumbre.

El tanto de Raúl Jiménez (54′) dio un respiro momentáneo, pero no ocultó la falta de ideas en ataque y la ausencia de liderazgo dentro de la cancha.
Una caída que inició después de Copa de Oro
Desde aquella victoria ante Estados Unidos en la final de la Copa Oro, México ha entrado en un bache del que no ha podido salir.
Los resultados recientes lo confirman:
México 0-0 Japón
México 2-2 Corea del Sur
México 0-4 Colombia
México 1-1 Ecuador
México 0-0 Uruguay
México 1-2 Paraguay
El problema no es solo de resultados: es de identidad
Más allá de los marcadores, lo inquietante es que México parece haber perdido su identidad futbolística.

No es un equipo vertical, ni sólido atrás, ni creativo en medio campo. La selección juega sin un sello reconocible, sin una idea que lo sostenga cuando el talento no alcanza.
Javier Aguirre insiste en pedir tiempo, pero el reloj corre y el Mundial de 2026 no espera. La exigencia será máxima y, si el presente no cambia pronto, el futuro podría convertirse en un martirio futbolístico.
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