DIQUE: UNIÓN QUE FLORECE AÚN SIN JUGAR

El silbatazo no llegó. La mañana  de sábado en la Unidad Deportiva Universitaria quedó marcada por la humedad que se aferró al césped, obligando a suspender la gran final de la categoría Premier.

No hubo duelo, no hubo goles. Pero en el equipo Dique, la convivencia misma se volvió victoria.

Gil Galván, timonel del equipo, no habla  de confianza y gratitud durante el convivio.

 “Muy bonito porque nos hace sentirnos más unidos… la unión hace más fuerza todavía”, confiesa con esa serenidad de quien sabe que un título no solo se gana con piernas, sino también con corazón.

La suspensión, lejos de ensombrecer la jornada, abrió un espacio para  la reflexión sobre lo verdaderamente importante.

GIL Galván, toda una institución en el barrio del Dique.

 “Si el campo estaba mal, también sigue siendo perjudicial para la integridad de cada jugador”, dijo Galván, entendiendo que el futbol, antes que pasión, es cuidado y respeto.

En el ambiente se respiraba más que un torneo, se respiraba historia. El eco de los 100 años del futbol en el barrio ya empieza a retumbar.

La final

Si las condiciones climáticas u otro tipo de situaciones  no  lo impiden, el sábado 20 de septiembre se  llevará a cabo la  esperada final del futbol Premier de la Fundación UV.

 “Por ahí en marzo será el centenario y parece que va a estar en grande… aquí ya no hay el equipo este o aquel, sino seremos uno solo”, expresó con entusiasmo, anunciando actividades que van del atletismo al ciclismo, de la lucha olímpica a los bailes populares.

GIL GALVÁN, con un grupo de grandes amigos.

La lista de organizadores, encabezada por Arturo Martínez Gutemberg, es un recordatorio de que detrás de cada balón también hay comunidad. Cada nombre —tesoreros, secretarios, coordinadores— teje una red que sostiene no solo al Dique, sino al espíritu del barrio entero.

Y entre recuerdos de la final pasada, donde con diez jugadores rozaron la gloria, el timonel reafirma el sueño:

 “La temporada pasada nos quedamos a un pasito… fue un bonito partido”. Hoy, ese “pasito” parece más corto, porque la confianza vibra, la unión crece y el título, más que un trofeo, ya se presiente como un símbolo de identidad.

El futbol del Dique no se detuvo con la humedad. Al contrario, se multiplicó en abrazos, en voces que hablan de futuro, en una comunidad que celebra estar junta, aún sin que la pelota ruede, aún.

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