En el marco del 50 aniversario del Deportivo Universitario Xalapeño (DUX), la memoria se convirtió en el mejor tributo para un hombre que dejó huella imborrable en el futbol: Godofredo Forzán Portilla, primer técnico de aquel equipo histórico y formador de generaciones que encontraron en él un maestro, un guía y un amigo.
En este mes de septiembre se cumplen tres años del fallecimiento de «Godo».
Gerardo Gallegos recibió la petición del entonces rector de la UV Roberto Bravo Garzón (gestionó de 1973 a 1981) para armar un equipo de Tercera División.

Permanece
Hoy, su ausencia física se siente como un silencio profundo, pero su legado permanece vivo en cada anécdota, en cada triunfo y en cada jugador que encontró en él un ejemplo a seguir.
“Me dijo que yo sabía de futbol y que por eso me daba la confianza para realizar el proyecto”.
Para esa misión, convocó a quienes también conocían de futbol y tenían la pasión suficiente para emprender una travesía llena de retos.

Fue así como Gallegos se apoyó en “Godo” y se dio paso a un proyecto que trascendió la cancha y se convirtió en legado.
Formador
En cada paso, supo dejar algo más que conocimientos tácticos: sembró valores, disciplina y amor por el juego.
Gerardo Gallegos comentó: “El debut, en Texcoco, fue duro —una derrota de 5-0—, pero aquel golpe no nos detuvo. Con esfuerzo y entrega, el equipo alcanzó el subcampeonato de la Tercera División profesional, escribiendo la primera página de una historia que se engrandecería con el tiempo”.

En portada
Godofredo Forzán, directivo del Club América, durante una charla con el argentino Óscar Ruggeri quien llegó al club crema en 1993. El “cabezón” Ruggeri fue campeón del Mundo en México 1986.
Pero el camino del futbol llevó a “Godo” más allá de Xalapa. La Federación Mexicana de Futbol (FMF), el Club América, Cruz Azul y Tiburones Rojos de Veracruz fueron testigos de su talento y de su vocación formadora.
En cada paso, supo dejar algo más que conocimientos tácticos: sembró valores, disciplina y amor por el juego.

En palabras de sus jugadores, fue “el mejor técnico que tuvieron”. Su visión, su cercanía con los jugadores y su espíritu incansable lo convirtieron en un referente del balompié universitario y nacional.
Hoy, su ausencia física se siente como un silencio profundo, pero su legado permanece vivo en cada anécdota, en cada triunfo y en cada jugador que encontró en él un ejemplo a seguir.
Durante la conmemoración, su esposa, la señora María de los Ángeles Reyes; su hija (María Emilia) y nietos (Dara e Isaac) recibieron un trofeo que simboliza no solo los logros deportivos, sino también el cariño y el respeto de toda una generación.

El homenaje no fue solo un acto protocolario: fue el reconocimiento sincero de una familia futbolera que sabe que sin Godo la historia del DUX no sería la misma.
Porque más allá de los resultados, lo que permanece es la huella humana y, en ese sentido, Godo sigue entre nosotros, presente en cada balón que rueda y en cada corazón que lo recuerda.
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