Las miradas furiosas de los usuarios quienes consideran al Velódromo Internacional como una catedral, casi un santuario, van dirigidas hacia los asesores de la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle.
Claro que este reclamo lo hacen en silencio, desde su trinchera emocional, al no poder expresarlo abiertamente por el temor a las represalias, al desquite de quienes se ven evidenciados por malas decisiones, en este caso, el deporte de los pedales.

De entrada este tema es lamentable. El velódromo ha sido “elegido” para la comida que la gobernadora organizó para las madres de familia trabajadoras.
Aclararon los inconformes que no tienen nada en contra de la realización del festejo en honor a quienes “han dado su vida, su amor y su espacio” (como reza la canción interpretada por la cantante brasileña Denisse de Kalafe). Señalam a quines decidieron que fuera ahí sin tener el cuidado necesario a las áreas más sensibles del inmueble. Recalcaron la falta de tino de los asesores de la gobernadora quienes “saben equivocarse” cuando el asunto les conviene a ellos o a sus jefes.

Al grano:
El problema es que tomaron, para el banquete, la zona del cordón interior de la pista, con mesas y servicio de barra.
Seguramente el deshielo se filtrará hasta el área de los polines de la pista; son vigas de madera colocadas horizontalmente que dan soporte al ovalo de competencia.
Esta estructura es clave en la inclinación peral, o sea lo que sirve para contrarrestar el impulso de las bicicletas hacia el exterior de la pista, además de distribuir la carga y evitar deformaciones a la estructura.

En fin, para eso fue creado el Velódromo Internacional, para fiestas, convivios y ahora hasta en zona sensibles de la mismísima pista.
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