Tenemos entre nosotros a futbolistas que se convierten en casos excepcionales en los que el reconocimiento trasciende los reflectores. Los vemos cada semana en la cancha, jugando o dirigiendo… brillando por su personalidad de grandes amigos y mejores seres humano.
Rogelio Galván Pérez es parte de un selecto e histórico grupo de jugadores cuya grandeza no se mide por la fama, sino por el respeto y calidad que dejaron dentro y fuera de la cancha.

Nació en Xalapa, Veracruz, un 25 de julio de 1949. Festejó parte de su cumpleaños, este sábado, viendo el encuentro en el que Dique, en el que auxilia en la dirección técnica a su hermano Gilberto Galván, empató 1-1 con Deportivo + 60 en la novena jornada del futbol Premier.
Técnica exquisita
En la historia del futbol xalapeño su nombre ocupa un lugar privilegiado. Quienes lo vieron jugar lo recuerdan como un futbolista de técnica exquisita, inteligente, capaz de utilizar con la misma naturalidad la pierna derecha y la izquierda, con una habilidad poco común para desbordar, centrar y resolver cualquier situación sobre el terreno de juego.
Su entrega nunca estuvo en discusión. Jugaba con el corazón, con disciplina y con una preparación mental que, asegura, era tan importante como cualquier entrenamiento físico.
«Todo se debía al amor por el futbol», recuerda. «Había que concentrarse al cien por ciento y luchar siempre, aunque las circunstancias fueran adversas».

Esa forma de entender el juego hizo que muy pronto llamara la atención de gente importante del balompié mexicano.
Cuando los Delfines UV consiguieron el histórico ascenso a la Segunda División, Rogelio compartió vestidor con jugadores de amplia experiencia, algunos de ellos provenientes de la Primera División. Aquella convivencia fortaleció su crecimiento futbolístico y confirmó que tenía condiciones para aspirar a las grandes ligas.

Invitación de un ícono
No tardó en llegar la oportunidad. Después de una brillante actuación, el entonces entrenador y figura de las Chivas, «Chava» Reyes, junto con directivos del San Luis, lo buscaron personalmente para ofrecerle incorporarse a un equipo que acababa de ascender al máximo circuito. La propuesta representaba el sueño de cualquier futbolista.
«¿Te gustaría venir con nosotros?», le preguntaron.
La respuesta natural era sí. Rogelio estaba ilusionado. Admiraba profundamente a Chava Reyes y veía cercana la posibilidad de cumplir el objetivo por el que tantos jóvenes luchaban. Sin embargo, el destino tenía preparado otro camino.
Lesión y decisión
Una lesión sufrida en los llamados Campos Juárez, hoy la Unidad Deportiva Universitaria, frenó aquella posibilidad cuando el proyecto apenas comenzaba a tomar forma.
Pero hubo otro factor que terminó por definir su futuro: sus estudios y el compromiso adquirido con su familia. Cursaba la carrera de Comercio y, en más de una ocasión, decidió presentar exámenes antes que asistir a compromisos deportivos de enorme importancia. Incluso dejó pasar oportunidades porque cumplir con su formación académica y con la palabra empeñada en casa era una prioridad.
Así, Rogelio Galván se convirtió en uno de esos casos extraordinarios dentro del futbol mexicano: pudo llegar a la Primera División, pero eligió otro camino. No fue por falta de talento ni de condiciones; fue una decisión basada en valores, responsabilidad y convicciones personales.
El ascenso a Segunda
Su carrera, sin embargo, estuvo llena de episodios memorables. Participó en el histórico ascenso con Delfines UV a la Segunda División en 1970, cuando no había liguilla y el campeón era el que hacía más puntos.

Además enfrentó y venció a equipos de gran tradición como Tigres, en Monterrey y compartió cancha con futbolistas que posteriormente dejaron huella en el balompié nacional. Siempre recuerda con admiración a compañeros como Juan Ugalde, autor del primer gol en la historia del Clásico Regio entre Tigres y Monterrey (13 de julio de 1974) en Primera División, así como Adán Ugalde, hermano de Juan, quien marcó el primer gol con Delfines UV en 1967, siendo esta escuadra la primera de Xalapa en figurar en el ámbito profesional.

A la lista se agregan otros jugadores de enorme calidad con quienes Rogelio tuvo el privilegio de convivir.
Su versatilidad también fue una de sus grandes fortalezas. Jugó prácticamente en todas las posiciones cuando el equipo lo necesitó, incluso como defensa central y capitán. Nunca puso por delante el lucimiento personal; primero estaba el conjunto.
En sus 77 años de vida Galván Pérez, conserva la sencillez que siempre lo caracterizó. Sigue siendo el mismo hombre nacido en el barrio del Dique, enamorado de las Chivas, admirador del jugador mexicano Benjamín Galindo, pero especialmente de Edson Arantes do Nascimento “Pelé”.

Es amante de las revistas deportivas. También leyó mucho los periódicos de la época donde se plasmaban hazañas deportivas como el ESTO o el Ovaciones. Está convencido de que la confianza, el trabajo y la fe en Dios son los mejores compañeros de cualquier deportista.
Grandes figuras
Su nombre también permanece ligado a una de las generaciones más importantes del balompié xalapeño. Escribió una de las páginas más importantes del balompié local junto a Orlando Bandala, Julián «Alemán» Martínez, Segundo de la Fuente, Rafael Sobrino, Pedro Cortés, Nacho Silva, Ernesto Graillet, Graciano Barragán, Víctor Alejo, Antonio Gallardo, Rubén Cortés, Víctor Alanís, Pepe Llamas, Restituto Lara, Arnulfo Lara, Roberto Blanco, Rafael González, Mario Prado y otros destacados jugadores.

La historia de Rogelio demuestra que el éxito no siempre se mide por los reflectores ni por las estadísticas. También se construye con lealtad, humildad y amor por el juego. Por eso, varias décadas después, quienes compartieron cancha con él coinciden en una misma idea, la de que el tiempo podrá avanzar, pero jamás borrará el recuerdo de uno de los futbolistas más completos y queridos que ha dado Xalapa.
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