La Terminal 1 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México se tiñó de azulcrema con la llegada de Allan Saint-Maximin, refuerzo francés del América para el Apertura 2025.
Poco más de un centenar de aficionados, convocados por las barras, lo recibieron entre cánticos, tambores y globos, generando un ambiente festivo… y también caos: pasillos reducidos y turistas abriéndose paso a empujones.
El delantero, de 28 años y proveniente del Al-Ahli saudí, arribó a las 20:20 horas, sonriente y agradecido: “Feliz de estar en México.
«Gracias afición por este recibimiento”, dijo mientras decenas de teléfonos lo rodeaban. Hace una semana, ya había anticipado su adiós de Arabia con un mensaje en redes sobre “nuevos comienzos”.

Este sábado se someterá a exámenes médicos y será presentado en el juego contra Querétaro en el Estadio Azteca.
Sin embargo, más allá del show en su llegada, la verdadera prueba estará en la cancha. Entre rumores de que llega pasado de peso y las exigencias del americanismo, Saint-Maximin tendrá que demostrar rápido que su fichaje no es solo nombre y espectáculo. En el América, la paciencia es tan corta como el pasillo por el que anoche caminó.

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