“VASCO” AGUIRRE DEVUELVE LA FE

La victoria de México sobre Ecuador (2-0) no  fue únicamente un boleto a los octavos de final. Fue la recuperación de una vieja costumbre perdida, la de  ganar un partido de eliminación directa en una Copa del Mundo.

Hacía cuatro décadas que el futbol mexicano perseguía esa escena. Desde 1986 frente a Bulgaria, el reloj se había detenido.

Javier Aguirre lo sabía mejor que nadie. Por eso apareció frente a los micrófonos con esa mezcla de serenidad y emoción que sólo conceden las grandes noches.

 El entrenador intentó contener el entusiasmo, aunque sus palabras terminaron revelando lo que significaba el momento.

ENTRE LOS 16

«Estamos entre los 16 mejores del mundo. Estamos muy bien, muy animados, muy concentrados«.

EL «Vasco» Aguirre, en su mejor momento como DT.

«El pueblo mexicano merecía una noche como esta», resumió, con la satisfacción de quien entiende que el triunfo rebasa el resultado y toca el ánimo de todo un país.

El «Vasco» no habló de individualidades ni de esquemas. Habló de familia. De un grupo que, según él, ha encontrado algo más importante que un sistema táctico,  una identidad compartida.

«Estamos entre los 16 mejores del mundo. Estamos muy bien, muy animados, muy concentrados. Es una familia, una verdadera familia. Los que inician, los que están detrás», explicó después de un encuentro que incluso tuvo que esperar una hora para comenzar por una tormenta eléctrica sobre el estadio Azteca.

Los números respaldan el discurso. México suma cuatro victorias consecutivas en el torneo: 2-0 ante Sudáfrica, 1-0 frente a Corea del Sur, 3-0 contra Chequia y ahora el 2-0 sobre Ecuador. Cuatro triunfos, ninguna derrota y una defensa que sigue sin conceder un solo gol, con Raúl Rangel respondiendo cuando el partido lo exigió.

Pero Aguirre nunca ha sido un entrenador complaciente. Incluso en la celebración encontró espacio para la autocrítica. Le incomodó que su equipo no resolviera antes el partido.

«Donde estoy insatisfecho es en las contras, donde no pudimos matar», lamentó. Las oportunidades estuvieron ahí para Raúl Jiménez, Julián Quiñones, Roberto Alvarado e incluso Santiago Giménez, pero México dejó escapar la posibilidad de construir una victoria todavía más amplia.

APLAUSOS para el Tri.

«De repente nos apagamos un pelín. No me gustan las transiciones ofensivas», insistió.

Entre todos los nombres hubo uno que recibió un reconocimiento especial. Julián Quiñones, autor ya de tres goles en el Mundial, volvió a convertirse en el futbolista que cambia el ritmo del partido. Aguirre no sólo destacó su capacidad ofensiva, sino el sacrificio con el que colaboró en defensa.

«Es el jugador más potente que tenemos», afirmó el técnico, revelando que el delantero terminó completamente exhausto tras un despliegue físico que simbolizó el compromiso colectivo del equipo.

QUIÑONES se lleva los elogios.

México ya está donde tantas veces soñó volver. Entre los dieciséis mejores del mundo. El camino, sin embargo, apenas se empina. Porque en los Mundiales la memoria es breve y el prestigio dura exactamente hasta el siguiente partido.

Aguirre lo sabe. También sabe que, después de tantos años de frustraciones, esta selección ha recuperado algo que vale tanto como la clasificación, tiene  la convicción de que puede competir con personalidad.

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