SEGUNDA Y ÚLTIMA PARTE
Con esta edición concluimos la entrevista con el popular “Tanquecito” Arroyo. Durante toda la plática emitió señales de ánimo, de actitud positiva.
Javier escudriñó en su memoria grandes hazañas que en sus tiempos fueron conquistas. Él es un ejemplo de tenacidad. Su animosidad produce un efecto de contagio.
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“Los tanques de guerra son chiquitos”, dijo Javier Mota Arroyo, el ex púgil oriundo de “Orilla de Río”, cerca de Perote.

“Como pegaba duro y soy chaparrito me pusieron el apodo de tanquecito. Pero eso no es todo. Tiraba muchos golpes, pero no los pegaba. Era como un tanque de guerra que dispara y no daba en el blanco”.
Pegada
“Gracias a Dios la mayoría de mis peleas las gané por nocaut, pero esa vez sí me fue mal ante Zamora”.
De repente y contrario a su dinámica comunicación, Javier se quita la gorra. Se mece el canoso cabello. Piensa, exhala profundo y agrega:

“Pero mi coraje sobre el ring me hizo llegar lejos. No tenía miedo de nada”.
Antes de llegar a vivir a la colonia Ferrer Guardia, “Tanquecito” tuvo su primera casa en la calle de San Roque (colonia Unidad Veracruzana).
“Pagaba 60 pesos mensuales de renta y nos las arreglábamos para salir adelante. Lo que sí es que siempre trabajé duro”.
Desquite
«… no me gustaba que me pegaran. A mí me daban un trancazo y trataba de desquitármelo luego, luego».
Durante su vida (73 años y los muchos que le faltan) ha tratado cuidar su físico. Eso lo aconseja a las nuevas generaciones de atletas, no sólo boxeadores, sino a todo aquel que tenga un interés serio y decidido de llegar a ser profesional del deporte.
Ante un ex campeón mundial
“Tengo una fractura que me hizo Alfonso Zamora, un ex campeón mundial”, dijo “Tanquecito” señalando su mandíbula.
“Estábamos peleando en México, en la Arena Coliseo. Me garró de un ‘volado’ y me sacó el protector bucal como a un metro de distancia.

“Cuando me pusieron el protector nuevamente mordí y sentí un fuerte dolor. Mi manager era Arturo “Cuyo” Hernández. Al verme así tiró la toalla.
“Me enojé mucho. Le reclamé. Pero su respuesta fue: ‘¡tienes la mandíbula fracturada!’.
“No fue buena esa experiencia. Sentí feo porque no me gustaba que me pegaran. A mí me daban un trancazo y trataba de desquitármelo luego, luego.
“Gracias a Dios la mayoría de mis peleas las gané por nocaut, pero esa vez sí me fue mal ante Zamora”.

¡Qué riva!
Cabe señalar que el «Toro» Zamora era uno de los peladores más poderosos de la época. Al final de su carrera llegó a tener marca de 33 peleas, con 32 triunfos por KO y 5 derrotas una de ellas ante Carlos Zárate. Fue medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Múnich 72.
“Tanquecito” muestra su fortaleza mental. La historia lo respalda, le da voz y autoridad para hablar de boxeo.
Aún en la plática sabe defenderse. Es gracioso y cae bien.
“Mira mi nariz. Parece la carretera vieja a Coatepec”. Sonríe. Trata de llevar la delantera en el dialogo. Se frena y piensa bien su respuesta.

“Gracias a mi fortaleza fui el numero 1 en el estado de Veracruz y sexto a nivel nacional”.
Durante su tiempo libre observa peleas de boxeo por tv. “Es mejor verlas así, desde mi casa. Así las disfruto mejor”, sentenció.
De vez en cuando, hace presencia en los gimnasios de boxeo locales.
“Cuando me llaman, voy. Lo que hago es corregir a los que entrenan.

“A ver chamaco, ven para acá”.
¿Quién te enseñó a tirar ese golpe así?
“¡Ese golpe no va a así, porque nada más estás acariciando a tu rival!”
“Tienes que buscar la forma en que vas a tirar a tu rival. Debes tener esa mentalidad de que vas a ser el mejor, porque donde se pare un veracruzano, en cualquier ring, debe ser el mejor”, enfatizó.
Agradecido
Otra virtud del bien amado de la colonia Ferrer Guardia es la gratitud.
“Gracias a Dios aún estamos platicando aquí contigo”.
Su familia ha sido también pilar en su esfuerzo para alcanzar objetivos.

Por otra parte recordó a sus benefactores, quienes le apoyaron para presentarse en varios puntos de la república.
Mencionó al ex político y letrado Guillermo Héctor Zúñiga Martínez (1942-2015), así como al ex gobernador de Veracruz Rafael Murillo Vidal (1904-1986) como sus amigos solidarios.
“Agradezco a ellos porque con su apoyo me presenté en varias partes de la República. También agradezco a muchas más personas que siempre confiaron en mí”.
“Tanquecito” invita a los jóvenes a no dejar de soñar hasta verse triunfadores en el deporte. Sabe que todo sacrificio tiene su recompensa. Dios le ha dado mucho, lo valora y atesora.
«Y así hasta que Dios diga», finalizó.
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