Hay títulos que se ganan; y hay otros que se recuperan a pulso. Dique Buena Vista volvió a ser campeón de la categoría Premier del futbol asociado de la Fundación de la Universidad Veracruzana. Lo hizo desde el límite, en la sentencia implacable de los penaltis luego de un vibrante e intenso 1-1.

La corona regresa a sus arcas después de una campaña en manos de Dique, el campeón saliente que, fiel a su estirpe, compitió con carácter y generó, en la primera mitad, lo suficiente para inclinar la historia a su favor… pero no para cerrarla. Y en una final, lo que no se concreta, se paga.

El partido nació con la intención de Dique. Hubo circulación, profundidad y señales claras de dominio.
Ariel Landa probó de media volea sin dirección; Elier García Mares desbordó por izquierda con decisión; y la sociedad ofensiva, con Jesús del Moral y Rubén González, insinuó más de una ruptura.

El gol llegó desde la insistencia: tiro de esquina, duda en la zaga, Pérez Cuervo no agarra la bola y deja la pelota a merced de Rubén González para el 1-0. Parecía el guion esperado.
Pero el futbol tiene memoria corta y castigo largo. Buena Vista, paciente, encontró en la pelota detenida su réplica exacta. Otro tiro de esquina, otra desatención, y Ricardo Juan apareció para firmar el 1-1.

El empate no solo equilibró el marcador, sino que desplazó el ánimo del encuentro hacia un territorio más incierto, más humano.
La segunda parte fue de resistencia y detalles. Los arqueros tomaron el protagonismo que las finales reservan para los elegidos.

Pérez Cuervo encarnó la paradoja del guardián. Participó en la acción del gol que puso en ventaja a Dique, pero después levantó un muro de reflejos y determinación, atajándolo todo.
Del otro lado, Raúl “Fierros” Serrano sostuvo a los suyos con sobriedad. El empate persistió porque nadie quiso ceder el error definitivo.

No fue un cotejo ajeno a la tensión. Los ánimos se encendieron y la final también se jugó en el filo de las emociones.

Isidro Aguilar, de Buena Vista, fue expulsado en medio del hervor competitivo y más tarde protagonizó un episodio personal con el asistente Miguel Ángel Hernández.
En ese contexto, la labor del árbitro central Alejandro Ferto —respaldado por Hernández y Juan Luis Valencia, el “Psicólogo”— resultó firme, equilibrada, a la altura de un partido que exigía temple.

Sin más goles, el destino condujo el desenlace al punto penal. Ahí donde el futbol se vuelve íntimo y despiadado. Ahí donde la historia elige.
Esta vez, René Torres —habitual protagonista de Dique en otras gestas— no encontró su nivel. Discreto durante el juego, terminó por fallar en la tanda. Y en ese mínimo gesto, en ese segundo suspendido, se inclinó la final.
Buena Vista no titubeó. Ejecutó con precisión, sostuvo la calma y selló la reconquista.
Premiación
La celebración tuvo un matiz de respeto. En la premiación, los jugadores de Buena Vista formaron pasillo para Dique, reconociendo al rival caído con la dignidad que merecen las finales bien jugadas.
El acto protocolario fue encabezado por el doctor Facundo Pacheco Rojas, director general de la Fundación de la Universidad Veracruzana; Carlos Alberto Castillo Salas, gerente del Campus para las Artes, la Cultura y el Deporte de la UV; además de Héctor Arellano y Miguel “Baby” Maldonado.
Goleador
En lo individual, Jesús del Moral fue distinguido como campeón de goleo, confirmando su peso a lo largo del torneo.

Alineaciones
DIQUE BUENA VISTA: Gilberto Pérez Cuervo, Arturo Báez, Francisco Aguilar, Esteban Quiroz, Adán Ortega, Ricardo Juan, Jesús Hernández, Eliseo Aburto, Sergio Amador, David Sánchez, Pedro Pulido, además de César Hernández, Pablo García, César Hernández, Víctor Hernández, Ismael García y Pablo García. DT Raúl Quiroz.

DIQUE: Raúl Serrano, Rubén González, Javier Guzmán, Arturo Morales, René Torres, Juan Castellanos, Alfredo García, José García, Ariel Landa, Jesús del Moral, Elier García. La lista se alarga con José Alberto Pérez y Gregorio Hernández. DT Gil Galván.

Convivio
La jornada cerró como se cierran las victorias verdaderas, en comunidad. Buena Vista compartió el pan y la sal bajo la anfitrionía de Raúl y Manolo Quiroz, celebrando no solo un título, sino el regreso a un lugar que nunca dejó de pertenecerle del todo.


Porque hay finales que se juegan… y hay finales que se sienten. Esta fue una de ellas. Donde el futbol apretó el alma, tensó los nervios y, al final, devolvió a Buena Vista la corona desde el sitio más frágil y más valiente del juego: el manchón penal.
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