El Estadio Cuauhtémoc no solo abre sus puertas: abre su historia.
A partir del Clausura 2026, el emblemático inmueble poblano será la casa del Cruz Azul. En pleno siglo XXI el club cementero, sigue cargando con la paradoja incómoda de ser grande sin tener hogar propio.
LA MÁQUINA, como «judío errante».
La Máquina llega a Puebla como nómada del futbol mexicano. Está obligada a mudarse una vez más por la falta de un estadio que le pertenezca.
No es un tema menor. La identidad de un club también se construye desde sus tribunas, desde las tardes de futbol y el arraigo con una ciudad.
“Casa”
El Cuauhtémoc será casa del Cruz Azul, sí, pero no hogar
En ese vacío, el Cuauhtémoc aparece como refugio y como escenario de dignidad histórica.
Fue inaugurado en 1968 y diseñado por Pedro Ramírez Vázquez. El llamado Coloso de Maravillas es un recinto que ha sobrevivido al paso del tiempo y a los vaivenes del balompié nacional.
INICIO de la construcción del Estadio Cuauhtémoc, en 1965.
Cuenta con 51 mil 726 asientos, dimensiones internacionales y una carga simbólica incuestionable. El coloso —propiedad del Gobierno del Estado de Puebla— ha sido casa del Puebla FC y de su rama femenil, y ahora suma a Cruz Azul como inquilino de peso histórico.
ASÍ era el estadio Cuauhtémoc en 1968.
MOMENTOS de la colocación del techo al estadio Cuauhtémoc, de Puebla, en su diseño original, en1968.
Para la afición poblana, la llegada de la Máquina representa espectáculo y proyección nacional. Para Cruz Azul, es una solución práctica, pero también un recordatorio incómodo. Y es que la grandeza no siempre viene acompañada de estabilidad. El Cuauhtémoc será casa, sí, pero no hogar.
En Puebla, Cruz Azul jugará sus partidos. En el fondo, seguirá buscando pertenencia.
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