Reparto de puntos en un duelo con aroma a eliminatoria. Brasil, la Canarinha de Ancelotti, rescató el empate (1-1) gracias a un golazo de Vinicius (32’), pero Marruecos dejó una mejor imagen en su estreno mundialista.

Ismael Saibari puso en ventaja a los africanos (21’) con un gol de toque fino, de “rococó” que hizo estremecer las gradas del coso estadounidense.

Nueva Jersey fue escenario de un partido que, por intensidad, nivel y tensión, bien pudo pertenecer a una ronda definitiva del Mundial 2026.
En el MetLife Stadium, casa de la futura gran final, Brasil y Marruecos protagonizaron un choque de gigantes emergentes y tradicionales que terminó en tablas, un premió la resistencia brasileña y confirmó la madurez competitiva de los “Leones del Atlas”.

El estreno de Carlo Ancelotti al frente de la pentacampeona dejó más preguntas que respuestas. Brasil sigue imponiendo respeto por su historia, por el peso de su camiseta y por la calidad de sus nombres, pero en el terreno de juego todavía está lejos de mostrar el “jogo bonito”, la autoridad que se espera de un aspirante al título.

Del otro lado apareció un Marruecos que ya no acepta la etiqueta de sorpresa. Lo hecho en Qatar 2022 fue el punto de partida de una generación que cambió la historia del futbol africano. En Nueva Jersey ratificó que está listo para competir de igual a igual ante cualquier gigante.
Guiados por la personalidad de Achraf Hakimi, la creatividad de Brahim Díaz y la aparición brillante del joven mediocampista Ayyoub Bouaddi, de apenas 18 años, los marroquíes dominaron largos tramos del encuentro. Su presión, velocidad y orden táctico pusieron contra las cuerdas a una selección brasileña que sufrió especialmente durante la primera mitad.

Cuando el partido parecía escaparse, apareció la individualidad. Brasil encontró en Vinicius Júnior a su hombre de desequilibrio.
El atacante rompió los esquemas con una acción de clase mundial y firmó un gol que no solamente significó el empate, sino también una pequeña reivindicación personal con la selección, donde muchas veces se le ha exigido trasladar el brillo que muestra semana tras semana en los clubes.

En la segunda parte, la Canarinha mejoró con más posesión y acumuló llegadas, aunque sin la claridad necesaria para doblegar a un enorme Yassine Bono, figura bajo los tres palos marroquíes.
Aun así, la última gran oportunidad fue para Marruecos, que estuvo más cerca de llevarse una victoria histórica. La respuesta de Alisson Becker evitó que Brasil iniciara el Mundial con una derrota.

El marcador repartió los puntos, pero las sensaciones tuvieron dueño. Marruecos salió fortalecido, con la certeza de que pertenece a la élite del futbol mundial. Brasil, en cambio, tendrá que encontrar rápidamente una identidad bajo la dirección de Ancelotti.
La Copa del Mundo apenas comienza, pero el primer mensaje quedó escrito en el césped del MetLife: Marruecos ya no quiere sorprender al mundo; quiere conquistarlo. Brasil, mientras tanto, sigue buscando la fórmula que lo convierta nuevamente en favorito más allá de su historia.

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