(Primera de dos partes)
De corazón noble y aferrado de puños. “Tanquecito” Arroyo (Javier Mota Arroyo) no pierde su brillo, mismo que lo llevó a convertirse en uno de los mejores pugilistas veracruzanos.
Su vida no sólo ha incluido tirar golpes en el cuadrilátero o fuera de él.
“Tanquecito” es una fuente de ánimo, de actitud positiva, de lucha para conquistar sueños, de anécdotas que inspiran a propios y extraños.
Los jarochos
“Eso me da a mi mucho gusto, el que los jarochos mostremos que somos inteligentes y luchamos por nuestro propio destino”
Se le ve dialogando constante y amigablemente por su calle: Teodoro Avendaño (colonia Ferrer Guardia). De sus andanzas en el deporte se podrían escribir 30 libros.
Comparte sus conocimientos con los jóvenes en la ex fábrica de San Brunio. Los corrige y los deja que tomen sus decisiones a la hora de enfrentar al rival. De repente los corrige con mayor énfasis.

“Nací en un pueblito cerca de Perote que se llama ‘Orilla del Río’, Veracruz. Gracias a este pueblo que me dio alimentos naturales, quelites, nopales, papas y variedad de frutas.
“Eso nutrió mi cuerpo, lo hizo fuerte”, dijo en cuanto a la buena salud física que lo ha caracterizado.
Representó a Veracruz en varias partes de la República Mexicana como el boxeador número 1.
El bebé
“Recuerdo cuando pelee en Monterrey contra un negro grandote. Le gritaban ‘no le vayas a pegar al bebé’, porque soy chaparro
“Fue el número 1 en mo peso. Eso me da a mi mucho gusto, el que los jarochos mostremos que somos inteligentes y luchamos por nuestro propio destino”, abundo el ex pugilista.
“Tanquecito” peleó gran parte de su historia en peso gallo (52 kilogramos). “Con el tiempo subí a súper gallo. No me afectó. Eso fue gracias a Dios y a la buena disciplina que llevé.
El rigor en su formación lo encontró en una tía. “Ella siempre me tuvo marcando el paso. Gracias a ella, ahora que ya estoy viejo, a mis 73 años (14 de agosto de 1951), percibo que mi vida ha sido buena”.
Mota Arroyo tiene marca de 78 peleas en los más de 15 años como peleador.
“Recuerdo cuando pelee en Monterrey contra un negro grandote. Le gritaban ‘no le vayas a pegar al bebé’, porque soy chaparro.
“Cuando sintió mis puños lo andaba correteando como un coyote a una liebre. Gracias a Dios siempre represente a Veracruz en buena forma.
“Invito a todos los que tengan ese don que nuestro Padre Celestial nos da para que lo aprovechen, en cualquier deporte”.

El primer manager de Tanquecito fue Juan Reducido Villalba. “Entrenaba en el Deportivo Colón y en el gimnasio “C”, porque siempre nos cambiaban de lugar.
A Javier no se le cerró el mundo para generar recursos para la familia. “Era yo de vender chicles, chocolates. En mayo que hacía mucho calor vendía paletas heladas a 20 centavos”.
Fue supervisor de Conasupo (Compañía Nacional de Subsistencias Populares). Tuve que corregir en muchos lugares la forma en que se administraba el recurso para favorecer a los más necesitados”.
(Continuará viernes 10 de enero)
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