¿PREMIO NACIONAL EN EL RUBRO “NO PROFESIONAL”?

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No se entiende o no quieren entenderlo.

En el deporte de alto rendimiento ya no existe el término “no profesional”, modalidad que debería ser archivada, quitada, eliminada de la convocatoria para aspirantes a recibir el galardón.

Es un cuento de navidad, una inocentada el que quieran hacer una separación con el llamado profesional.

El Premio Nacional del Deporte, entregado a los medallistas olímpicos, necesita una reorientación de criterio, de elección y denominación.

Es como decir que en el olimpismo actual existe el amateurismo.

El diccionario indica que el  término amateur se refiere al “que practica por placer una actividad, generalmente deportiva o artística, sin recibir habitualmente dinero a cambio”.

Hace un titipuchal de años es era la filosofía original de la práctica y “espíritu deportivo”.

La historia menciona al barón Pierre de Coubertain, impulsor, visionario quien fue el “padre” de los Juegos Olímpicos de la era moderna.

PIERRE DE Coubertain, valores que ya no están.

PIERRE DE Coubertain, valores que ya no están.

El pedagogo francés impulsó  al deporte no sólo como una práctica competitiva, sino  que lo propulsó de un sentimiento de respeto al cuerpo, a la salud de la mente y del espíritu, a la trascendencia de éste  al formar una cadena de amor entre las naciones.

Los atletas no cobraban dinero en esa época por representar a su país. Tampoco queremos decir que hoy sea negativo que lo hagan.

Al contrario, es positivo que su esfuerzo de preparación de más de cinco horas diarias, de largos viajes y concentraciones, de estresantes competencias y de largos periodos lejos de la familia y de las aulas, tenga una retribución, muchas veces jugosa, en apoyos, becas, patrocinios de la iniciativa privada, firmas comerciales en anuncios por tv, redes sociales, estáticos, etcétera.

Lo que plasmamos en esta columna es que, de una vez por todas, se sepa que en el deporte  de altos vuelos ya no existe  lo “no profesional”, modalidad que debería “sepultada con honores”.

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Eso de las becas a los atletas  se debe  controlar de manera eficiente. Lo están haciendo en el Instituto Veracruzano del Deporte. Falta mucho.

Por otra parte  se sabe que los “números empiezan al brincar” en las arcas, pero hay demasiado por atender, una extensa lista de “prioridades”.

Por cierto hay atletas, uno o dos, más no lo dicen,  quienes en la época duartista recibieron hasta dos millones de pesos en becas (para viajes, concentraciones, atención médica, lo que sea) y ahora toman una actitud de crítica recalcitrante sobre lo que hicieron funcionarios que ya no están.

Hay quien afirma que, además de  la jugosa beca de seis dígitos, también recibieron un “jacalito”, o  sea, una casita como premio.  ¿Será?

Por hoy es todo.


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