Argentina está en las semifinales del Mundial 2026. El marcador dirá que derrotó 3-1 a Suiza en Kansas City, pero la historia del partido difícilmente será recordada por los goles de Alexis Mac Allister, Julián Álvarez o Lautaro Martínez. Una vez más, la conversación gira alrededor del arbitraje.
El conjunto sudamericano volvió a avanzar envuelto en decisiones controvertidas, alimentando una percepción que comienza a instalarse con fuerza: cada escalón que asciende en esta Copa del Mundo deja más dudas que certezas.

Después de los cuestionamientos en sus compromisos frente a Cabo Verde y Egipto, ahora fue Suiza la que terminó pagando el precio de una interpretación arbitral que, aunque respaldada por el reglamento, resulta difícil de justificar desde el sentido común y el espíritu del juego.

La expulsión de Breel Embolo marcó el punto de quiebre. Tras revisar el VAR por una confusión de identidad, el árbitro anuló una amonestación mostrada por error a Leandro Paredes y terminó enseñando la segunda tarjeta amarilla al delantero suizo por una supuesta simulación en el mediocampo, una acción que rara vez deriva en una sanción de esa magnitud.
El reglamento podrá amparar la decisión, pero la justicia deportiva exige algo más que una fría interpretación de las normas.

El futbol no solo se juega con leyes; también se sostiene sobre criterios, proporcionalidad y sentido competitivo. Y en ese aspecto, la determinación arbitral dejó una enorme deuda.
La imagen de Embolo abandonando el terreno de juego entre lágrimas resume la frustración de una selección que había encontrado el empate por conducto de Dan Ndoye y atravesaba su mejor momento futbolístico y emocional. Con un hombre menos, Suiza perdió equilibrio, resistencia y, finalmente, el partido.

Argentina aprovechó la superioridad numérica para liquidar el encuentro en los tiempos extra con las anotaciones de Julián Álvarez y Lautaro Martínez.
Nadie discute la calidad de un plantel lleno de talento y jerarquía, pero tampoco puede ignorarse que otra decisión arbitral terminó inclinando un partido que permanecía completamente abierto.
Semifinales
Ahora el reto será Inglaterra, el próximo miércoles en Atlanta, en un duelo cargado de historia, rivalidad y simbolismo mundialista.

Será la tercera ocasión en que ambas selecciones se enfrenten en una fase decisiva de una Copa del Mundo, un escenario donde no habrá margen para los errores… ni para nuevas controversias.

En la otra semifinal, Francia y España buscarán el martes en Dallas el segundo boleto a la gran final, que se disputará el 19 de julio en Nueva York. Un día antes se jugará el partido por el tercer lugar.
Porque las semifinales deberían hablar exclusivamente de futbol. Sin embargo, mientras el arbitraje continúe robándose el protagonismo, cada victoria quedará acompañada de una pregunta incómoda: ¿quién ganó realmente el partido y quién terminó decidiéndolo?
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