ADIÓS AL MAESTRO COPADO

Hoy se ha apagado una voz que durante décadas dio órdenes firmes en la cancha, pero también sembró carácter en generaciones enteras.

Falleció  el profesor Encarnación Copado Domínguez, maestro de educación física, formador incansable y símbolo viviente del deporte estudiantil en Xalapa.

La noticia llegó de voz de su hijo Paco, desde el puerto de Veracruz. Y con ella, un golpe seco al corazón de quienes alguna vez corrieron detrás de un balón bajo su mirada atenta.

EL PROFESOR Copado (derecha), con el estratega del UV Xalapa, Julián Martínez; en momentos previos a un amistoso entre universitarios y CECyT 36 en el estadio Quirasco.

El Profe Copado no solo entrenaba equipos; moldeaba voluntades. Fue el estratega del gran equipo del CECYT 36, donde secundaria y preparatoria encontraron identidad en el futbol.

También dejó huella como técnico de la Universidad Veracruzana-Xalapa, llevando su disciplina y visión formativa a otro nivel competitivo.

Pero más allá de los cargos y los triunfos, lo que hoy duele —y al mismo tiempo enorgullece— es la memoria viva.

EL CECyT 36, en 1977, en la cancha del Centro Deportivo Ferrocarrilero. El prpfesor Copado, a la izquierda.

Se le recuerda  llegando a los campos Juárez o a San Bruno. Lo hacía en  su moto, con Luis o Paco abrazados a su espalda, y detrás, una red repleta de balones.

Esa imagen es casi una estampa xalapeña: el entrenador que cargaba sueños en una malla tejida de cuero y esperanza.

Poníamos nuestras credenciales sobre la tierra o el pasto para que él definiera el cuadro titular.

Ese instante era eterno. El silencio pesaba. El corazón latía fuerte. Y ahí aprendimos que la vida también es competencia, que el lugar se gana, que el esfuerzo habla.

Noble hombre. Amable en el trato, firme en la exigencia. Extraordinario entrenador de futbol, pero sobre todo, extraordinario formador de personas.

 Su enseñanza era clara, con  disciplina, respeto, constancia. No había atajos. No había privilegios. Solo trabajo.

Hoy, en tiempos donde la figura del profesor de educación física muchas veces es minimizada, su partida  obliga a reflexionar.

Ellos no solo enseñan a correr o patear un balón. Construyen comunidad. Previenen violencia. Fomentan salud. Crean identidad. Forjan carácter.

El Profe Copado fue eso, un arquitecto social desde la cancha.

Su legado no está en una vitrina; está en cada exalumno que aprendió a levantarse después de caer, en cada padre que vio a su hijo convertirse en hombre bajo su guía, en cada equipo que entendió que la camiseta se defiende con dignidad.

Que su historia no quede solo en la nostalgia. Que su memoria nos convoque a valorar a nuestros maestros, a respaldar el deporte escolar, a entender que detrás de cada red llena de balones hay un proyecto de vida.

En paz descanse,   Profe Copado. Siempre en la memoria. Siempre en la cancha.

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