SAN DIEGO, CALIFORNIA.- Sobre el papel, es un partido amistoso. En la cancha, difícilmente lo será.
América y Cruz Azul vuelven a encontrarse hoy, jueves 1 de octubre, en una nueva edición del Clásico Joven, esta vez lejos de casa, en territorio estadounidense.
El escenario será el Snapdragon Stadium de San Diego, California, donde dos de las instituciones más importantes y populares del futbol mexicano pondrán nuevamente frente a frente una rivalidad que, por su propia naturaleza, parece no entender de etiquetas ni de partidos de preparación.

Ambos equipo viajaron con sus principales figuras ya que uno de los propósitos del encuentro es mantener ritmo competitivo tras el parón generado por la Fecha FIFA, además de sacar al plantel del entorno y de la convivencia y fortaleza que se buscan cuando se concreta un viaje.
Porque cuando se cruzan América y Cruz Azul, la palabra “amistoso” puede aparecer en la programación, pero no necesariamente en el ánimo de los protagonistas.
POR TV
La transmitirán en vivo el partido para México por Canal 5, TUDN y ViX Plus
El encuentro está programado para las 21 horas del centro de México y, aunque los puntos no estarán en disputa, la historia sí estará presente.
La cita en San Diego también representa una oportunidad para que ambos cuerpos técnicos observen jugadores, ensayen variantes y mantengan activos a sus planteles.
DOS REALIDADES, MISMA RIVALIDAD
El partido encuentra a los dos equipos en momentos diferentes dentro del campeonato mexicano.
Después de las primeras diez jornadas, América marcha en la segunda posición, empatado en puntos con el líder Toluca, aunque con un partido menos disputado. Cruz Azul, por su parte, aparece colocado en el séptimo puesto de la clasificación.

Son números que sirven para explicar el presente, pero que poco importan cuando comienza un Clásico Joven.
En este tipo de encuentros las estadísticas pueden quedar a un lado. El orgullo, la historia y la necesidad de demostrar quién manda pesan de manera distinta.
“AMISTOSO” CON SABOR A CLÁSICO
Pero hay algo que difícilmente puede controlarse desde el banquillo, la rivalidad.
América y Cruz Azul no necesitan un trofeo en disputa para convertir un partido en una cuestión de orgullo. La camiseta pesa. La historia pesa. Los antecedentes pesan.
Esta noche, en el Snapdragon Stadium, habrá quienes lo llamen amistoso, pero la tribuna, los jugadores y la historia probablemente tengan otra opinión.
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