Javier Aguirre sigue siendo fiel a un estilo que lo ha acompañado durante toda su carrera: responder con frases coloquiales, muletillas y salidas que, en más de una ocasión, le han servido para esquivar cuestionamientos incómodos cuando los resultados no acompañaban a la Selección Mexicana.
La diferencia es que hoy el viento corre completamente a su favor. El técnico nacional ya no comparece con el gesto endurecido ni con la presión asfixiante de otros procesos mundialistas. México está en los octavos de final del Mundial 2026, la afición ha recuperado la ilusión y los resultados le han devuelto una credibilidad que hace apenas unos meses parecía lejana.
Ese respaldo, sin embargo, no debería convertirse en un cheque en blanco.
Durante la conferencia previa al duelo frente a Inglaterra, Aguirre volvió a mostrar esa personalidad que combina experiencia, ironía y cierto desdén hacia algunos cuestionamientos.
Cuando se le preguntó sobre el estado físico de Roberto «Piojo» Alvarado, optó por poner en duda el trabajo del reportero antes que ofrecer una respuesta clara.
Una actitud que, aunque ya forma parte de su sello, difícilmente fortalece la relación entre el técnico y una prensa cuya obligación es preguntar, sobre todo cuando existen versiones periodísticas que apuntan a la incertidumbre sobre uno de los futbolistas más determinantes del equipo.
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Alvarado abandonó lesionado el compromiso frente a Ecuador y, durante las últimas horas, diversas fuentes señalaron que su participación ante Inglaterra estaba en duda. Preguntar por su condición física no era un exceso; era una obligación periodística.
Más adelante, Aguirre dejó otra frase que aportó poco al análisis: aseguró que ganará el equipo que cometa menos errores. Una afirmación irrefutable, sí, pero también tan evidente que resulta insuficiente cuando se espera conocer la estrategia con la que México pretende competir ante una de las selecciones más poderosas del torneo.
Ahora llega el momento en que las palabras dejan de tener valor y el futbol dicta sentencia.
Este 5 de julio, el Estadio Azteca será una auténtica caldera. Más de 80 mil aficionados empujarán a una Selección Mexicana que tiene la oportunidad de escribir una página histórica frente a Inglaterra y dar el salto a los cuartos de final, donde ya espera el vencedor del duelo entre Brasil y Noruega.

Hasta ahora, Aguirre ha sabido administrar la presión y conducir a México con autoridad. Pero los discursos, las muletillas y las respuestas ingeniosas quedarán en segundo plano cuando ruede el balón. En un Mundial, la historia no recuerda las conferencias de prensa; recuerda a quienes ganan los partidos decisivos.
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