El 3-0 en Arizona no fue solamente una derrota: fue una exhibición de impotencia, desorden y falta de personalidad.
El Tri de Rafael Márquez quedó retratado ante su máximo rival y encendió nuevamente las alarmas rumbo a lo que viene.
Los goles estadounidenses fueron obra de Julian Hall (28’), Cavan Sullivan (62’) y Malik Tillman, (85’).
EL PRTIDO
Hay derrotas que duelen por el marcador. Hay otras que lastiman por la manera en que se producen. La de México ante Estados Unidos pertenece a ambas categorías.

El 3-0 en el State Farm Stadium de Arizona dejó mucho más que tres goles en contra. Dejó al descubierto a una Selección mexicana sin personalidad, sin imaginación, sin contundencia y, por momentos, sin respuestas futbolísticas.
Una de las presentaciones más pobres e infames de los últimos años terminó convirtiéndose en un severo llamado de atención para un equipo que todavía busca identidad.
México perdió el partido, pero sobre todo perdió el rumbo.
El conjunto dirigido por Rafael Márquez fue un equipo predecible, incapaz de hilvanar jugadas con claridad y condenado a una posesión que, lejos de representar peligro, terminó siendo estéril. Mucho balón, poca profundidad; algunos intentos, escasas ideas; demasiadas dudas y prácticamente ninguna respuesta cuando Estados Unidos decidió apretar.
TRES GOLPES QUE DESNUDARON AL TRI
Dos errores del arquero “Tala” Rangel y uno más de Campillo terminaron por sepultar cualquier posibilidad de reacción mexicana.
En partidos de esta naturaleza, los errores se pagan caro. Y México los pagó todos.
Pero sería demasiado cómodo responsabilizar únicamente a quienes cometieron las equivocaciones puntuales.

El problema fue colectivo. Estados Unidos encontró espacios, leyó correctamente el partido y entendió algo que México pareció olvidar, que no siempre gana quien tiene más la pelota, sino quien sabe qué hacer con ella.
Los estadounidenses cedieron terreno, permitieron que México transitara por la mitad de la cancha y esperaron el momento exacto para golpear.
Y cuando golpearon, lo hicieron como una aplanadora.
El Tri tuvo la pelota, pero Estados Unidos tuvo el partido.

SIN PERSONALIDAD Y SIN PEGADA
México volvió a mostrar una vieja enfermedad, la de tener el balón sin saber para qué.
La circulación fue lenta, las combinaciones carecieron de imaginación y el equipo se volvió fácilmente descifrable. Estados Unidos no necesitó una exhibición de futbol espectacular. Le bastó con ser ordenado, inteligente y contundente.

Ahí estuvo la diferencia.
Mientras México intentaba construir sin encontrar caminos, Estados Unidos esperaba el error para convertirlo en castigo.
El resultado fue contundente y, más preocupante todavía, lógico.
Porque cuando un equipo no genera peligro, pierde los duelos individuales y además regala goles, difícilmente puede aspirar a otra cosa.

LA EXPULSIÓN QUE TERMINÓ DE HUNDIRLO
Con el marcador 0-2, México recibió otro golpe. Al minuto 69, Mateo Chávez fue expulsado después de darle una bofetada a un rival que le reclamó una falta.
La acción dejó al Tri con diez hombres y terminó de oscurecer un panorama que ya era lúgubre.
En un partido de máxima exigencia, la disciplina también forma parte del futbol. Y México volvió a demostrar que, cuando las cosas se complican, la frustración puede convertirse en otro enemigo.
Estados Unidos, en cambio, mantuvo la cabeza fría.
RAFAEL MÁRQUEZ, BAJO LA LUPA
Esta vez las cosas no le salieron al entrenador mexicano. Y Rafael Márquez tendrá que asumir las críticas.

No se trata de crucificarlo después de una derrota, sino de reconocer que el equipo que presentó en Arizona ofreció muy poco. El problema no fue exclusivamente táctico; fue también futbolístico, mental y colectivo.
El nuevo proceso todavía no encuentra respuestas.
Hasta ahora, Márquez no ha conseguido una victoria al frente del equipo: dos empates y una derrota.
Los números, por sí solos, no cuentan toda la historia. Pero cuando esos números vienen acompañados de actuaciones carentes de personalidad, las dudas comienzan a crecer.
Y México no puede darse el lujo de seguir acumulando dudas.
EL TIEMPO SE ACABA
La Selección tendrá una oportunidad inmediata para cambiar la imagen.
El próximo martes 6 de octubre, México enfrentará a Chile en el Los Ángeles Memorial Coliseum, nuevamente en territorio estadounidense.
Será una prueba particularmente incómoda porque el tiempo para corregir será mínimo. Apenas dos días separarán ambos compromisos y el cuerpo técnico deberá trabajar prácticamente sobre la marcha.

Pero el problema no se resuelve únicamente con entrenamiento.
México necesita recuperar confianza, orden, personalidad y, sobre todo, una idea de juego.
Perder contra Estados Unidos no es una tragedia.Lo verdaderamente preocupante es perder de esta manera. Porque el 3-0 no fue un accidente aislado ni una simple noche desafortunada. Fue el reflejo de un equipo que todavía no sabe quién quiere ser.
Estados Unidos entendió el partido. México no.
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