Luis Antonio Castillo Atla prefiere reservar las palabras para el momento en que el réferi ordene el primer intercambio de golpes.
Sereno, seguro y sin promesas estridentes, el peleador xalapeño se prepara para la pelea más importante de su carrera.
En unas semanas disputará el campeonato nacional de Muay Thai, versión ANECAMM (Asociación Nacional de Escuelas, Clubes, Academias de Muay Thai en México). ante el monarca vigente, Miguel Córdoba.

Con 32 años de edad, originario de Xalapa, Castillo Atla llegará a la cita del próximo 14 de septiembre con la experiencia como su principal carta de presentación.
Mide 1.76 metros, compite en los 74 kilogramos y acumula cerca de 36 combates, de los cuales 16 terminaron por la vía del nocaut.
«Tengo más experiencia», responde con firmeza cuando se le pregunta qué puede inclinar la balanza frente a un rival más joven y veloz.
Durante la entrevista con Canchero Deportes, el peleador reconoce que Miguel Córdoba posee atributos importantes.
«Considero que su juventud y su velocidad son sus principales fortalezas», admite sin rodeos.
Sin embargo, también deja claro cuál considera que será la clave para aspirar al cinturón.

«Yo siempre he considerado que el cardio es la base del boxeo. Con el cardio, acompañado de la técnica y el trabajo, creo que puede ser suficiente.»
Construyendo un camino
El Muay Thai llegó a su vida después de haber iniciado en el boxeo en San Bruno bajo las enseñanzas del maestro Martín Espinoza, en el gimnasio Knockout.
Más adelante también recibió preparación de Hugo Guarneros, antes de consolidarse con el entrenador Steve González, quien continúa guiando su carrera.
Actualmente entrena cuatro horas diarias en un gimnasio ubicado sobre la avenida Américas, esquina con Niños Héroes, donde el trabajo físico se ha intensificado conforme se acerca la pelea por el título.
«Ahorita le estoy metiendo mucho al cardio, movimientos rápidos y manopleo; muy poco trabajo con peso», explica.
Con orgullo
Luis Antonio llevará consigo el nombre de Xalapa, el orgullo de San Bruno y la convicción de quienes entienden que los títulos son importantes, pero que el verdadero legado se construye representando con dignidad a la comunidad que vio nacer cada sueño.
Su preparación también contempla sesiones de sparring dos veces por semana y un análisis constante de su adversario mediante videos.
«Estoy viendo cómo se está preparando. Considero que su preparación no es muy intensa», comenta con la cautela propia de su experiencia.
Un camino marcado por sacrificios
La carrera deportiva de Luis Antonio no ha estado exenta de dificultades.
Recuerda que una de las peleas más exigentes fue aquella en la que conquistó su primer cinturón hace aproximadamente cuatro años. También ha tenido que convivir con lesiones importantes.
«Tengo el tabique fracturado y la tibia muy dañada», relata con naturalidad.
Aun así, continúa entrenando con la misma disciplina.
Cuando se le pregunta qué le ha dejado este deporte, su respuesta refleja la realidad de muchos atletas de alto rendimiento.
«Actualmente solamente el gusto… y que reconozcan mi nombre.»
Porque sabe que la vida competitiva de un peleador es limitada, Castillo Atla mantiene claros sus objetivos.
Si conquista el campeonato nacional, buscará defenderlo tres ocasiones para quedarse definitivamente con el cinturón y, posteriormente, abrir la puerta a nuevas oportunidades internacionales.
El combate será avalado por la Asociación Nacional de Escuelas, Clubes y Academias de Muay Thai en México (ANECAMM), organismo reconocido por la World Muaythai Organization (WMO), con sede en Tailandia.
San Bruno, su barrio
Más allá de los títulos, el peleador tiene claro a quién representa cuando sube al ring.
Al enviar un mensaje a quienes siguen su carrera, su voz adquiere un significado especial.
«Les mando un fuerte saludo a toda la gente, más que nada al barrio de San Bruno, que es lo que vamos a representar en Tabasco. Que San Bruno no está muerto, está vivo y hay mucha gente buena.»
Es una frase que resume el sentido de pertenencia de un deportista que nunca ha olvidado el lugar donde comenzó su historia.

Mientras la cuenta regresiva avanza rumbo al combate por el campeonato nacional, Luis Antonio continúa entrenando en silencio, confiando en que la experiencia, el trabajo diario y la resistencia construida durante años puedan imponerse a la juventud del campeón.
Porque, al final, cada peleador lleva algo más que unos guantes cuando sube al ring. Luis Antonio llevará consigo el nombre de Xalapa, el orgullo de San Bruno y la convicción de quienes entienden que los títulos son importantes, pero que el verdadero legado se construye representando con dignidad a la comunidad que vio nacer cada sueño.
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