DON ANTONINO: SABIDURÍA Y DISCIPLINA

Don Antonino, 92 años de historia: el hombre que convirtió el deporte en una forma de vivir parece  resumir en su figura el paso del tiempo, la dignidad del esfuerzo y la sabiduría que sólo conceden las décadas bien vividas.

Don Antonino García Gómez pertenece a esa estirpe.

Este 9 mayo llegó a los 92 años de edad, una cifra que para muchos podría significar cansancio, limitaciones o silencios prolongados.

DON Antonino, durante el festejo de su honomástico.

Pero en él ocurre exactamente lo contrario. Los años parecen acompañarlo con respeto, como viejos amigos que caminan a su lado, pero que jamás han logrado detener su paso.

En su hogar de Banderilla, rodeado del cariño de su familia, don Antonino se mueve con sorprendente soltura.

Va y viene sin la ayuda, por ejemplo, de bastón. Conversa con claridad admirable y responde con una lucidez que asombra.

EL BEISBOL es su pasión.

Sus recuerdos brotan nítidos, ordenados, como si el tiempo hubiera decidido conservar intacto el archivo de su memoria.

Este día, entre abrazos, felicitaciones y muestras sinceras de afecto, el patriarca fue el dueño absoluto del escenario. No sólo por sus 92 años, sino porque frente a él se encontraba reunida la obra más importante de su vida, una familia forjada con disciplina, trabajo y amor al deporte.

De Vista Hermosa al corazón del deporte

Antonino García Gómez nació en 1934, en Vista Hermosa, Veracruz, en el municipio de Jilotepec. Su primer vínculo con el deporte no fue con el futbol, sino con el béisbol, la gran pasión que marcó su juventud.

CON LA cultura de la disciplina y el trabajo.

Así inició

“Mi primer contacto con el deporte fue mirándolo… y me gustó”, recuerda

En los llanos veracruzanos encontró su lugar sobre la loma de los disparos. Pitcher derecho, orgulloso de su brazo, defendió numerosos equipos y vivió la emoción de un béisbol profundamente arraigado en las comunidades, donde cada juego era una fiesta y cada uniforme un símbolo de pertenencia.

Aún hoy sigue acompañando al equipo de Carrizal, donde, aunque ya no lanza como antes, continúa siendo parte del grupo, como esos veteranos cuya sola presencia transmite respeto y experiencia.

El futbol llegó por amor de padre

Curiosamente, el fútbol no fue su deporte predilecto. “Francamente, no me gustaba”, admite con sinceridad. Pero el corazón de un padre es capaz de modificar cualquier preferencia.

Cuando sus hijos comenzaron a destacar en las canchas, don Antonino se convirtió en viajero incansable. Recorrió San Luis Potosí, Aguascalientes, Zacatepec, Querétaro y cuantos destinos fueran necesarios.

Lo que empezó como acompañamiento paternal terminó transformándose en una nueva pasión.

Así, el béisbol lo formó, pero el futbol lo conquistó.

Patriarca de una dinastía futbolera

Don Antonino es padre de futbolistas de altos vuelos. Ahí están  «Kalú», Octaviano, Elier y Guillermo.

Cada uno con estilo propio, con distintas virtudes y personalidades en la cancha, pero todos unidos por un mismo legado.

“Para mí todos juegan igual de bien”, dice con una mezcla entrañable de orgullo y modestia.

Detrás de esas palabras se esconde la mirada del padre que ha visto crecer a sus hijos, caer, levantarse y triunfar; el hombre que comprendió que el deporte no sólo produce jugadores, sino también carácter, disciplina y destino.

La fórmula de una vida larga

Don Antonino conserva una vitalidad que despierta admiración. Su receta es sencilla y contundente:

“No tomar, no fumar, no desvelarse, echarle ganas al deporte y tener disciplina.”

No habla desde la teoría, sino desde la experiencia. Sus palabras tienen el peso de nueve décadas de trabajo, sacrificio y perseverancia.

Son consejos que no pretenden impresionar, sino compartir una verdad probada por el tiempo.

Testigo de generaciones

Su memoria guarda nombres que forman parte del imaginario deportivo mexicano: Fernando Valenzuela, Vinicio Castilla, Esteban Loaiza, Teodoro Higuera y Beto Ávila.

Sigue con interés a equipos emblemáticos como los Diablos Rojos del México y los Tigres de Quintana Roo.

Y en cada conversación demuestra que el entusiasmo deportivo no conoce edad.

Un hombre que sigue de pie

Hay seres humanos cuya grandeza no se mide por títulos ni por trofeos, sino por la huella que dejan en los demás.

Don Antonino  es uno de ellos.

Él  continúa caminando con paso firme, con la mente despierta y el corazón lleno de gratitud. Es memoria viva de un Veracruz deportivo y rural; es padre ejemplar, abuelo querido y testimonio palpable de que la disciplina puede convertirse en longevidad.

ENHORABUENA don Antonino.

En tiempos donde todo parece fugaz, su figura representa permanencia.

Y mientras su voz siga relatando anécdotas, mientras su mirada conserve ese brillo sereno y mientras sus hijos sigan honrando el legado que sembró, don Antonino continuará ganando el partido más importante de todos: el de la vida.

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