El futbol veracruzano vuelve a estar en el centro de una discusión que mezcla deporte, violencia y decisiones políticas.
Los hechos ocurridos el 21 de febrero, tras el partido entre Racing de Veracruz y Celaya FC (Liga Premier Serie A), terminaron en tragedia luego de una riña entre aficionados que dejó como saldo una persona fallecida. Un hecho lamentable que nadie puede minimizar.
En medio del ruido mediático, el presidente del club veracruzano, Luis Roca, salió a dar la cara. Algo que, por cierto, no siempre ocurre en el futbol mexicano.
Su postura fue clara, con toda disposición para colaborar con las autoridades de Boca del Río y apertura para que los hechos se esclarezcan. Incluso ofreció disculpas públicas, en un gesto de solidaridad ante tales hechos, pero no como responsable.

Pero conviene poner las cosas en su justa dimensión.
La responsabilidad de un club alcanza lo que ocurre dentro del estadio. Lo que sucede fuera del inmueble, en la vía pública, entra en el terreno de la seguridad pública y de las autoridades municipales.
Pretender cargarle todo el peso a la institución deportiva sería, además de injusto, una forma peligrosa de desviar la atención del verdadero problema que es la violencia de algunos grupos de aficionados.
Además, este tipo de episodios no es exclusivo de un estadio en particular ni de una ciudad específica.
La violencia entre grupos ocurre lamentablemente en diversos espacios públicos y también en estadios de primer nivel en distintas partes del mundo.

Se trata de un problema social que trasciende al futbol local y que requiere estrategias de seguridad e investigación, no decisiones precipitadas.
Por eso llama la atención que desde el ámbito municipal se haya planteado incluso cancelar el comodato de la Unidad Deportiva Hugo Sánchez, inmueble que hoy utiliza el club.
Más aún cuando ese espacio, que durante años lució prácticamente abandonado, hoy presenta instalaciones rehabilitadas, actividad deportiva constante y proyectos que benefician al futbol veracruzano.
Castigar al club no resolverá el crimen.
Las investigaciones deben avanzar y los responsables deben enfrentar la justicia. Ese es el camino correcto. Lo demás corre el riesgo de convertirse en decisiones precipitadas, influenciadas por presiones políticas o por intereses que también existen en el futbol local.
Porque no es secreto que Racing de Veracruz ha ganado protagonismo en poco tiempo, y cuando eso ocurre también aparecen los antagonistas.
La tragedia del 21 de febrero merece justicia, no pretextos.
Y el futbol veracruzano necesita prudencia, no decisiones que terminen perjudicando a quien, hasta ahora, ha trabajado por impulsarlo.
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