La Selección Mexicana venció 1-0 al equipo “B” de Panamá en el Estadio “Rommel Fernández”, pero el marcador vuelve a maquillar una realidad incómoda: el Tricolor sigue sin convencer.
El equipo dirigido por Javier “El Vasco” Aguirre controló el partido. Dominó en la posesión de la pelota y empujó a los panameños a encerrarse. Sin embargo ese dominio fue estéril, predecible y sin filo.

México tuvo el balón, sí… pero no tuvo ideas.
Panamá planteó un duelo cerrado, replegado y paciente. Apostó a resistir y a que el tiempo hiciera su trabajo. Y le funcionó durante casi todo el encuentro. México fue incapaz de romper el candado con claridad.
El partido avanzó entre ritmo intermitente. Hubo pocas emociones. Escasas ocasiones claras. El Tricolor no construyó un triunfo, lo recibió.
El único gol llegó de la forma menos convincente posible. Fue un autogol de Richard Peralta. El infortunio llegó con el servicio de Gallardo y un desvío que terminó siendo suficiente para inclinar la balanza en un partido donde México jamás se vio superior en lo ofensivo.
Sólo hubo un par de jugadas colectivas. Una de ellas marcó la diferencia. El triunfo cayó más por accidente que por autoridad.

Aguirre utilizó el amistoso como laboratorio en el proceso rumbo al Mundial de 2026. Movió piezas para observar variantes.
Al minuto 57 realizó tres cambios de golpe. Ingresaron Carlos Rodríguez, Kevin Castañeda y Alexis Gutiérrez por Brian Gutiérrez, Obed Vargas y Roberto Alvarado.

Uno de los focos fue el debut de Kevin Castañeda, de 26 años, quien sumó sus primeros minutos con la Selección Mayor. También debutaron Brian Gutiérrez, de 22 años, quien arrancó como titular, y Richard Ledezma, ambos bajo observación en esta etapa de renovación.
Pero los movimientos no cambiaron lo esencial. México siguió sin romper líneas, sin acelerar y sin traducir control en peligro real.

Incluso la actuación de Germán Berterame volvió a dejar dudas. El delantero de Rayados salió al minuto 66. Sumó ocho partidos con el Tricolor con números discretos: un gol, cero asistencias, cuatro tiros a puerta, seis disparos desviados y 341 minutos acumulados.
El encuentro registró 16 mil 447 aficionados. Sólo vieron un partido enfocado en el análisis táctico que en el espectáculo.

Y ahí está el problema. México puede justificarlo como “prueba”, pero Aguirre utilizó una gran mayoría de jugadores quienes seguramente no estarán en el equipo mundialista.
El seleccionado mexicano ganó, sí, pero ganó sin contundencia. No hubo creatividad. Dependió de un error rival. Y cuando el triunfo se sostiene en un autogol ante Panamá “B” es preocupación.
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