De nueva cuenta el futbol mexicano está de luto. Este sábado se apagó la voz, la mirada y la pasión de uno de los técnicos más emblemáticos de nuestro balompié: Manuel “Manolo” Lapuente, poblano de nacimiento, pero patrimonio de todo un país que brilló con sus equipos con su estilo inconfundible.

La noticia fue confirmada por el periodista Raúl Orvañanos, quien a través de redes sociales expresó su tristeza.
“Falleció un gran amigo y extraordinario futbolista y técnico. Manuel Lapuente. Descansa, mi amigo”. Un mensaje breve, pero cargado de sentimiento, como el adiós a un viejo compañero de cancha y de vida.

De la cancha al banquillo
“Manolo” fue de esos hombres que vivieron el futbol con el alma. Como jugador, comenzó su carrera en Rayados de Monterrey en 1964, para luego defender los colores de Necaxa, Puebla y Atlas, siempre con entrega y carácter. Pero fue desde el banquillo donde escribió sus páginas más gloriosas.

Su travesía como entrenador inició en Puebla en 1978. Desde entonces, su libreta y su voz se escucharon en clubes como Tigres, Ángeles de Puebla, Atlante, Cruz Azul, Necaxa y América, dejando huella en todos.
El hombre de las glorias internacionales
Con la Franja del Puebla, Lapuente conquistó dos títulos de liga (1982-83 y 1989-90), una Copa MX y un Campeón de Campeones, logros que lo consagraron como un ícono de la institución.

Su éxito se extendió con el Necaxa en la década de los noventa, donde volvió a saborear la gloria del campeonato, y culminó una de sus etapas más recordadas con el América, con quien se coronó campeón del futbol mexicano en el Verano 2002.
No solo brilló en México. En el plano internacional, Manolo Lapuente levantó la Concachampions con Puebla y América, además de la Recopa de Concacaf con Necaxa. Su sello ganador trascendió fronteras.

El estratega del Tricolor
En el corazón de la Selección Mexicana, su nombre ocupa un lugar especial. Dirigió al Tricolor en dos etapas (1990-91 y 1997-98), pero fue en esta última donde marcó época: campeón de la Copa Confederaciones 1999 en el Estadio Azteca —ante el poderoso Brasil—, además de conquistar la Copa Oro 1998.
En la Copa del Mundo de Francia 1998, llevó al equipo hasta los octavos de final, cayendo con dignidad frente a Alemania.
El legado de un sabio del futbol
Sereno, de hablar pausado pero firme, Manolo fue maestro de una generación de técnicos y jugadores que hoy reconocen en él a un referente del orden, la disciplina y la pasión.

Su nombre está escrito en las vitrinas del futbol mexicano, pero también en la memoria de quienes crecieron viendo a sus equipos competir con garra y estilo.
Hoy el balón se detiene un instante para despedirlo.
Descansa en paz, Manolo Lapuente, el técnico que convirtió la táctica en arte.
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