Hay decisiones que no solamente suspenden un partido sino que también ponen en juego la credibilidad de toda una organización.
Lo ocurrido en la Liga Regional de Totonacapan, con sede en Cempoala, Veracruz, es uno de esos episodios que obligan a cuestionar la capacidad de sus dirigentes para hacer cumplir el reglamento, respetar los méritos deportivos y garantizar condiciones de competencia justas.
Piratas La Esperanza, líder absoluto del torneo regular, terminó pagando las consecuencias de una decisión que amenaza con convertir el esfuerzo de toda una temporada en una amarga decepción.
El equipo que dominó la campaña, acumuló los méritos para disputar el campeonato en casa y aspiraba a levantar nuevamente el trofeo ahora deberá quedarse con las ganas de jugar la final, luego de que la organización anunciara la suspensión del encuentro ante Cempoala FC.
La pregunta es inevitable: ¿para qué sirve un reglamento si, llegado el momento decisivo, no existe la firmeza para hacerlo cumplir?
La solución debió partir de la revisión del reglamento, la explicación pública de los criterios aplicados y una determinación que garantice certeza a los equipos involucrados, afirman elementos del equipo Piratas de La Esperanza.
24 JORNADAS DE DOMINIO QUE NO SE RESPETARON
Los números no admiten interpretaciones erróneas. Después de 24 jornadas, Piratas concluyó en el primer lugar de la clasificación con 64 puntos y una diferencia de goles de +63. Cempoala FC también sumó 64 unidades, pero su diferencia fue de +53.
Diez goles de diferencia separaron a ambos conjuntos en ese rubro. Si el reglamento establecía la diferencia de goles como criterio de desempate, el liderato general correspondía a Piratas La Esperanza.
Y si ese mismo ordenamiento otorgaba al líder el derecho de elegir la sede de la final, la decisión debía resolverse conforme a las reglas, no mediante negociaciones que terminaran por desdibujar los méritos deportivos.

No se trata de favorecer a un equipo por simpatía, historia o popularidad. Se trata de reconocer lo que se ganó en la cancha.
Piratas hizo su trabajo durante toda la temporada. La organización, en cambio, tenía la obligación de garantizar que el desenlace se resolviera con apego a las disposiciones de la competencia.
QUE NO HUBO ACUERDO
La explicación difundida por la Liga fue contundente en sus consecuencias, aunque insuficiente para despejar las dudas: “Se suspende el juego de la final entre Cempoala FC” vs Piratas. No hubo acuerdo…” El comunicado añadió que los premios se entregarían la semana siguiente durante el encuentro por el título de Campeón de Copa.
Pero una final no puede quedar a merced de la voluntad de los equipos cuando existen reglas previamente establecidas.
Precisamente para eso existe un reglamento, para resolver desacuerdos, definir derechos y evitar que una controversia administrativa termine por encima de la competencia deportiva.
Si Piratas tenía el derecho reglamentario de elegir la sede por haber terminado como líder general, ¿por qué ese derecho no se hizo valer?
La ausencia de un acuerdo entre los finalistas no debería convertirse, por sí sola, en una salida para cancelar el partido. Mucho menos cuando están en juego el título, la legitimidad del torneo y el respeto al esfuerzo de jugadores veteranos que, con 48 años o más, siguen compitiendo con pasión y compromiso.
PRECEDENTE QUE AMENAZA LA LIGA
El problema rebasa a Piratas y Cempoala FC. Lo ocurrido puede convertirse en un precedente peligroso para las demás categorías de la Liga Regional de Totonacapan.
Si las reglas pierden fuerza cuando surge un conflicto, cualquier equipo podría cuestionar una sede, desconocer un criterio de desempate o condicionar la celebración de un encuentro decisivo. Y si la autoridad deportiva no cuenta con mecanismos eficaces para resolver esas diferencias, la incertidumbre terminará por debilitar la confianza de los participantes.
Una liga no se sostiene únicamente con calendarios, jornadas y premiaciones. Se sostiene con reglas claras, decisiones fundamentadas y la certeza de que todos los equipos serán tratados bajo los mismos criterios.
La credibilidad se construye durante toda la temporada, pero puede perderse en una sola decisión.
El fútbol regional merece algo elemental, que los campeonatos se decidan jugando, no mediante decisiones administrativas que dejen más dudas que certezas.
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