La selección mexicana convirtió el Estadio Azteca en una fiesta.
Con una actuación pragmática, veloz y contundente, el Tricolor derrotó 3-0 a la áspera selección de Chequia y firmó un hecho inédito al ganar sus tres partidos de la fase de grupos en un Mundial.
Mateo Chávez (55′), Julián Quiñones ( 61′ ) y Álvaro Fidalgo (90+4), fueron los anotadores en el vibrante choque.

El equipo de Javier Aguirre no necesitó largas posesiones ni exhibiciones de fantasía. Le bastó interpretar el partido con inteligencia, resistir el choque físico europeo y golpear en los momentos exactos.
HISTÓRICO
Tres partidos jugados e igual número de victorias. El Tri impuso una marca histórica al superar de manera perfecta la primera fase de grupo.
Tres latigazos mexicanos bastaron para derribar a un rival incómodo y encender la euforia de un estadio que terminó cantando el nombre de Guillermo Ochoa.


Aguirre movió las piezas y encontró oro
El Vasco volvió a sacudir la alineación. Dio sus primeros minutos mundialistas al lateral Mateo Chávez y al delantero Guillermo Martínez, además de mantener su plena confianza en Raúl Rangel bajo los tres palos.

Desde el inicio quedó claro el plan: competir cada balón y acelerar cuando aparecieran espacios. Chequia impuso contacto, hombro y juego aéreo; México respondió con carácter a través de Edson Álvarez, Luis Romo, César Montes y el propio Martínez.

Mientras los checos intentaban ahogar a Gilberto Mora, el joven de 17 años (en agosto cumplirá 18 años) seguía pidiendo la pelota con una serenidad impropia de su edad.

El Azteca explotó con el primer golpe. Romo ganó un balón clave y abrió la puerta para la estampida de Mateo Chávez. El lateral arrancó, dejó atrás a un rival y definió con personalidad para el 1-0.

El Azteca rugió. Chávez corrió a celebrarlo con su amigo Armando “Hormiga” González y ambos improvisaron un festejo al estilo Dragon Ball.
Mora inventó y Quiñones sentenció
Diez minutos después apareció el talento. Mora controló un balón con una calma extraordinaria, abrió el espacio para Jorge Sánchez y, tras un rebote, Julián Quiñones empujó el 2-0 con la intensidad que lo caracteriza.
La noche se volvió homenaje
Entonces llegó el momento que esperaba el estadio. Al minuto 77, Guillermo Ochoa ingresó por Tala Rangel y el Azteca se puso de pie.

“¡Memo, Memo, Memo!” bajó desde las tribunas mientras el guardameta recibía una ovación reservada para los grandes ídolos. El arquero que ha viajado a seis Mundiales y ahora suma participación en cuatro recibió un baño de masas que quedará en la memoria.

Fidalgo puso la firma
Cuando el público ya preparaba el grito final, México encontró una última transición. Roberto Alvarado dejó solo a Santiago Giménez; el delantero falló, pero Álvaro Fidalgo apareció para mandar el balón a la esquina y decretar el 3-0 definitivo.

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