ALFONSO ENRÍQUEZ, SIN FILTRO

En el futbol, las pasiones suelen hablar más fuerte que los silencios. Pero también existen momentos en los que detenerse a escuchar se vuelve una obligación periodística y una necesidad institucional.

Lo ocurrido en torno al mantenimiento y las condiciones del estadio Quirasco ha generado diversas opiniones en el ámbito deportivo de Xalapa. Por ello, este espacio abre lugar al derecho de réplica y a la aclaración de algunos puntos expuestos por el presidente de Cañoneros FC, el empresario Alfonso Enríquez.

En una conversación directa, el dirigente explicó que su inconformidad no está dirigida hacia los clubes que comparten el complejo deportivo. Por el contrario, subraya su respeto hacia instituciones como Delfines, Santos, Académicos o Afouteza, así como hacia las academias y los jóvenes que diariamente utilizan el campo.

“Mi molestia no es con ningún club”, expresa Enríquez. “Debemos ver por el bien del complejo y de los niños y jóvenes que lo utilizan”.

Según su testimonio, Cañoneros FC nunca ha entrenado en el Quirasco ni pretende hacerlo, precisamente para evitar saturar un espacio que considera debe priorizar el desarrollo formativo. El club, afirma, utiliza el estadio únicamente para sus partidos, los viernes por la tarde y en ocasiones contadas al mes.

Sin embargo, el punto central de su postura gira en torno a las acciones que —de acuerdo con su versión— el propio club ha realizado para mejorar el inmueble.

ASÍ lucía el estadio Quirasco a inicio de año.

El presidente de Cañoneros sostiene que a finales de enero se realizaron trabajos de reparación en el campo, concluidos el 7 de ese mes, previo al inicio de la segunda vuelta del torneo 2025-2026 de la Liga Premier. Asimismo, asegura que el club impulsó mejoras importantes en la infraestructura del estadio.

Entre ellas menciona: Instalación de alumbrado LED, sustituyendo luminarias antiguas cuyas refacciones ya eran difíciles de conseguir.

Remodelación de vestidores, con colocación de tazas sanitarias, regaderas, bancas y adecuación del cuarto de árbitros.

Instalación de internet en el área de vestidores, equipo que posteriormente —según relata— fue sustraído.

Para Enríquez, la inconformidad surge cuando estos esfuerzos, afirma, no encuentran continuidad en el cuidado y mantenimiento cotidiano del inmueble.

“Mi problema no es apoyar”, señala. “Cuando me lo piden, ahí estoy. Lo que molesta es que pareciera que a nadie le importa lo que pasa después”.

En ese sentido, el empresario considera que la responsabilidad administrativa del complejo debería recaer con mayor firmeza en la Dirección General de Educación Física Estatal (DGEFE), instancia que —desde su perspectiva— no ha tomado las medidas necesarias para garantizar el mantenimiento adecuado de las instalaciones.

Aun así, insiste en que su postura no busca desplazar a ninguna institución deportiva ni generar conflictos dentro de la comunidad futbolística local.

“No quiero que saquen a nadie. No me interesa el campo para mí. Solo quiero que esté en las mejores condiciones”, afirma.

Enríquez también reconoce que el proyecto de Cañoneros FC enfrenta desafíos importantes en la ciudad. El club, explica, nació hace más de siete años en Boca del Río y trasladar toda su estructura a otra plaza nunca ha sido sencillo.

“No es fácil mover una infraestructura de la noche a la mañana”, admite.

A ello se suman los altos costos que implica sostener un equipo profesional en categorías de desarrollo. El dirigente estima que el funcionamiento del club puede alcanzar hasta 700 mil pesos mensuales durante diez meses al año, un esfuerzo que, según reconoce, muchas veces debe asumir personalmente.

“Amo el futbol. Es mi pasión y mi motivación de vida. Mientras Dios y mi cartera me lo permitan, lo seguiré intentando”.

Respecto al nombre del club, también aclaró que Cañoneros FC fue adquirido con esa denominación, y que en su momento se intentó gestionar un cambio para adaptarlo a la identidad local. Sin embargo, diversos temas de derechos y registros dentro del futbol federado impidieron concretarlo.

Aun así, no descarta que en el futuro el equipo pueda tropicalizar su identidad, siempre y cuando el proyecto deportivo continúe en Xalapa o en la plaza que eventualmente lo reciba.

En medio de la intensidad que suele rodear al futbol, el mensaje del dirigente deja una reflexión que trasciende lo deportivo, que  el cuidado de los espacios públicos destinados al deporte requiere coordinación, responsabilidad institucional y, sobre todo, voluntad compartida.

Porque al final, más allá de los colores o de los escudos, los verdaderos dueños del estadio siguen siendo los niños y jóvenes que cada día persiguen un balón en el Quirasco.

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