AGUIRRE, LA PIEZA PERFECTA

Tiempo atrás, desde el año pasado para  ser un tanto más precisos,  se sabía que Lozano no sería el técnico mundialista  en 2026.  La farsa se empezó  a fraguar  meses antes cuando Aguirre aún no concluía su compromiso con el Mallorca de España.

Los federativos, en especial  el  llamado “Bomba” (Juan Carlos Rodríguez)  contempló a  Lozano como una pieza no apta para  la gran campaña, la gran industria  monetaria  que representa el futbol mexicano.

Necesitan un DT que, además de saber dirigir, no estuviera en contra de sus  operaciones o de su operatividad. Un técnico que  “justifique” (a los dueños del balón) sus  decisiones  en cancha  como la “mejor opción” y que sea una cortina  protectora para el fracaso, en dado caso.

Y es que así juegan los federativos, a ganar, aunque sea perdiendo. Así que Aguirre  está en boca de todos, porque es parte del plan “aplicar la inyección lentamente”. Hoy o mañana, en cualquier instante sería presentado el “Vasco”.

Con el equipo que puede formar de aquí al 2026  no se podrá aspirar a mucho.    Dos años más  de edad para los veteranos internacionales ya es mucho. Y tampoco han surgido figuras que soporten la historia  y lleven al Tri hacia  niveles elevados en la copa del mundo.

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La otra pieza

Además de que los federativos  necesiten a un técnico que se adapte a sus  maniobras (como lo es Aguirre), también necesitan una pieza que sea clave y que esté a merced de sus intereses  como lo es Duilio Davino, director de selecciones  nacionales varoniles.

Ese sí que es como un anillo al dedo para los de pantalón largo y de chequera rebosante.

Luego del fracaso  en Copa América 2024  Davino no se movió de su puesto. Creemos que Davino es otra de las claves del fracaso, pero nadie lo tocó.

El hijo del «Tarzan» (a su padre, Jorge Davino, le apodaron así) no respaldó a Lozano  cuando una y mil veces dijo que el proyecto seguiría igual  con el  DT hasta el mundial.  

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En fin  habrá que  volver  a perder el tiempo  con Aguirre en el banquillo del Tri,  con  sus albures y payasadas, de sus “mentadas” y su populismo coloquial.

Cuando México sea eliminado del Mundial 2026, en medio del fracaso, Aguirre podrá activar el mismo patrón que utilizó en Sudáfrica 2010: “ponerse la gorra  sin que se le vean los ojos, escabullirse  sin dar declaraciones y  refugiarse en Francia, Italia, Pekín,  Sídney, en  Alto Lucero (Veracruz),  o cualquier lugar del mundo. Meses después se asomará  por acá,   cuando  todo haya pasado o cuando, como suele suceder, prensa y afición hayan  padecido el   síndrome de siempre: el olvido.

Punto final

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