Hay personajes que no solo pasan por una cancha: la habitan, la construyen y la defienden con el paso de los años.
El profesor Marco Antonio Sánchez Corona, coach del Club Toros Xalapa, es una de ellas. Su nombre está tejido en la historia silenciosa pero firme del baloncesto xalapeño, ese que no siempre sale en los reflectores, pero que sostiene generaciones completas.
Desde finales de los años ochenta, cuando Xalapa respiraba básquetbol en cada gimnasio y en cada torneo local, Marco Antonio ya estaba ahí.
Primero como jugador, después como árbitro, más tarde como entrenador, y siempre como formador.

Treinta y un años ininterrumpidos en el proceso, viendo cambiar los rostros, los métodos, las reglas… pero no la esencia.
“Las épocas son muy distintas”, reconoce con serenidad. Hoy el baloncesto se apoya en metodologías modernas, en investigación, en preparación física y táctica más avanzada.
Hay más ciencia, más estructura, más herramientas. No porque antes faltara compromiso, sino porque las generaciones marcan el ritmo del progreso.
Aun así, el profesor no habla desde la nostalgia, sino desde la conciencia histórica: el básquetbol xalapeño ha evolucionado porque hubo bases sólidas, y esas bases las pusieron entrenadores, clubes y comunidades enteras.
Xalapa sigue siendo semillero. Ahí están los veteranos que aún compiten con dignidad y los jóvenes que hoy proyectan su talento en selectivos estatales y nacionales.

Desde niños de cuatro años hasta jugadores que ya han cruzado fronteras, la cantera existe, crece y responde cuando hay disciplina y formación real.
Toros Xalapa, club que cumple 18 años como institución y más de tres décadas como academia, es prueba viva de ello: jugadores formados no solo en lo técnico, sino en lo humano.
Sin embargo, la historia también tiene silencios que pesan.
La pregunta inevitable surge con crudez.
¿Dónde está el básquetbol profesional en Xalapa?
La respuesta duele porque es honesta. El profesionalismo depende de factores que muchas veces rebasan a quienes trabajan en la cancha. Inversión privada, decisiones gubernamentales, estructuras que no siempre miran hacia abajo, hacia la formación local.
Hoy, Xalapa —ciudad con tradición, talento y pasión— no tiene equipo profesional. Y lo más simbólico, lo más doloroso es que el Nuevo Nido, una instalación de primer nivel, moderna, imponente, no tendrá equipo al menos hasta hoy.
Un nido sin aves.
Un templo sin ritual.
Un recinto hermoso que corre el riesgo de deslucirse sin el latido que solo un equipo profesional puede darle.
“No es que falte amor por el básquetbol”, queda claro. Falta el último escalón, el puente entre la cantera y el sueño. Falta la apuesta para que el talento local no tenga que emigrar para encontrar oportunidades.
A nivel nacional, el profesor es mesurado. México tiene buenos jugadores, algunos incluso en Europa, otros con raíces mexicanas formándose en Estados Unidos. Pero aún no somos potencia. El proceso sigue, lento, desigual, dependiente de voluntades institucionales que ojalá algún día se alineen. Mientras tanto, el verdadero sostén sigue siendo el trabajo de base.
Y ahí, en ese trabajo silencioso, Marco Antonio Sánchez Corona continúa, convocando niños, jóvenes, familias. Abriendo gimnasios, ocupando canchas abiertas, formando personas antes que atletas. Porque entiende algo fundamental: el básquetbol no solo se juega, se hereda.
Esta no es solo una nota sobre un entrenador.
Es un recordatorio de lo que Xalapa ha sido, de lo que puede volver a ser y de lo que no debe olvidar.
Porque mientras haya quienes sigan creyendo, enseñando y formando, el balón seguirá botando… aunque el Nido, por ahora, esté esperando a su equipo.
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