Hay equipos que ganan campeonatos y hay equipos que construyen historia. Laureles pertenece al segundo grupo. No solo por las cinco coronas consecutivas que pesan en la vitrina, sino por todo lo que hay detrás: años con grandes triunfos y derrotas que dolieron y que enseñaron a levantarse con dignidad.
José Aguilar Salas habla pausado, con la serenidad de quien ya recorrió mucho camino. A sus 60 años, es uno de los líderes del multicampeón Laureles y hace mancuerna con Héctor Contreras en la conducción de un grupo que está a punto de escribir su último capítulo en la categoría plata del Torneo Premier de Coatepec.

La historia no empezó ayer. Laureles nació hace varios años, cuando muchos de los que hoy levantan trofeos apenas buscaban “el estirón”.
En aquellos tiempos se jugaba donde programara la Liga Xalapeña, esto es en La Estanzuela, el estadio Quirasco, la cancha del Artículo Tercero y otros campos que hoy son recuerdo y que forjaron carácter.

Ganaban terceros lugares, competían, aprendían. Faltaba algo. Ese algo llegó con los años, con la madurez y con la convicción de que el grupo valía más de lo que había mostrado.
El regreso serio fue hace siete años. José volvió a contactar a la flota, se reencontraron las ganas y nació el Laureles que hoy domina.
Desde entonces, el equipo no sabe lo que es perder una final: cinco finales, cinco campeonatos. Hidalgo, Colonia Enríquez, Lauder (dos veces seguidas), “Beto del Ángel”… todos quedaron en el camino. No fue casualidad. Fue equilibrio, rodaje, saber jugar las liguillas y entender cuándo apretar y cuándo sufrir.

Mantenerse no ha sido sencillo. La categoría obliga a renovarse constantemente; los años pesan, las piernas avisan y competir a estas alturas exige algo más que talento. Exige compromiso. Por eso cada título sabe distinto, por eso cada final se juega como si fuera la primera… o como si fuera la última.
Y esta lo es.
La final
Pase lo que pase en la final ante Rellaxa Coapexpan, Laureles dejará la categoría Plata para subir a la Oro. No hay marcha atrás. El ciclo se cierra. Pero José lo dice claro: “hay que campeonar con la Plata”. No por soberbia, sino por respeto a la historia, al esfuerzo y a los años compartidos.
La serie promete ser cerrada. En temporada regular empataron dos veces. Ellos llegan con su constelación de figuras; Laureles, con su gente, con la memoria de lo vivido y con esa calma que solo tienen los equipos que saben quiénes son.

Quizá por eso esta final pesa distinto. No es solo una posible sexta corona. Es la despedida de una categoría, el último baile de un grupo de jugadores que ha entendido el futbol como se debe, con amistad, carácter y amor por la camiseta.
Laureles no juega solo por ganar. Juega por cerrar su brillante ciclo como empezó, juntos, de pie y compitiendo hasta el final.
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