Los sueños no suelen avisar cuándo comenzarán a cumplirse.
A veces llegan de golpe, como un pase filtrado que rompe líneas y deja al delantero frente al arco.
Así ocurrió con Erick Didier Martínez Pérez, joven futbolista xalapeño surgido de las filas del Club Delfines de Xalapa A.C., quien en cuestión de días pasó de presentarse a una visoria a recibir la noticia que miles de jóvenes anhelan escuchar, el ser aceptado para integrarse a las fuerzas básicas Sub-15 del Club Puebla de la Liga MX.

El próximo lunes comenzará una nueva etapa en su vida. Dejará la comodidad del hogar, la cercanía de su familia y las rutinas de siempre para instalarse en la Angelópolis y perseguir el objetivo que ha alimentado desde niño, el de convertirse, algún día, en futbolista profesional de la Liga MX.
La entrevista se realizó en la oficina del Club Delfines, ubicada a un costado de la cancha de la Escuela Preparatoria Artículo Tercero Constitucional. Ahí, acompañado por su madre, Sofía Pérez García, Erick habló con una serenidad poco común para un adolescente de apenas 15 años.

Nacido en Xalapa el 10 de enero de 2011, mide aproximadamente 1.68 metros y pesa 56 kilogramos.
Su posición natural es la de extremo por izquierda, aunque a lo largo de su formación ha jugado como delantero centro, extremo derecho e incluso lateral por ambas bandas.
Su perfil dominante es el zurdo, aunque asegura sentirse cómodo utilizando las dos piernas.
Más allá de las condiciones técnicas, lo que llama la atención es la madurez con la que enfrenta el desafío que tiene por delante.
“Me siento feliz porque voy a salir a algo mejor, pero también da sentimiento dejar a la familia, a mi hermano, a mamá y a mi abuela”, reconoce.
Y es que el verdadero reto apenas comienza. En Puebla ya no estará quien le recuerde ordenar su ropa, preparar sus cosas o resolverle los problemas cotidianos.

Ahora deberá aprender a ser autosuficiente, una cualidad indispensable para cualquier futbolista que aspire a trascender.
Erick entiende perfectamente el sacrificio que representa este paso. También sabe que detrás de su oportunidad hay años de esfuerzo de su familia y de quienes han creído en él.
“Representa mucho porque ahí te das cuenta de que te quieren apoyar y te valoran. Todo eso cuenta”, afirmó.
Durante once años de formación en Delfines, el joven extremo asegura haber aprendido mucho más que cuestiones futbolísticas.
“Me ha dejado saber cómo cuidarme, cómo entrenar y dar siempre mi máximo”.
Llegó rápido
La oportunidad en Puebla llegó más rápido de lo esperado. Tras asistir a las pruebas, apenas transcurrió una semana –de dos programadas– para que los visores tomaran la decisión de incorporarlo al proyecto poblano.

“Creo que se dieron cuenta de lo que puedo hacer, de mi confianza, de mi seguridad y de las ganas que tengo”, explicó.
No es la primera vez que enfrenta un filtro de este tipo. Anteriormente participó en visorias de Chivas, el club del que se declara aficionado de corazón. De hecho, no esconde que algún día le gustaría vestir la camiseta rojiblanca.
“Sí, soy fiel seguidor de Chivas. Algún día intentaré llegar”, señala convencido.
Su disciplina diaria parece respaldar sus palabras. Después de la escuela llega a casa, come, se prepara para entrenar y, una vez concluida la práctica, continúa trabajando físicamente por cuenta propia.
“Lo que hago aquí también lo hago en casa para ponerme más fuerte y fortalecerme”, explicó.
Esa misma disciplina la aplica en algo que muchos jóvenes suelen descuidar, el descanso.
Erick procura dormir temprano porque entiende que la recuperación forma parte del entrenamiento invisible.
Durante la plática se determinó que durmiendo los jóvenes crecen físicamente. Si no descansas las horas debidas, tu cuerpo no se desarrolla igual. A veces el celular quita mucho tiempo y hace desvelarte.
Aunque admite que la lectura no es una de sus principales aficiones, tiene claro que el fútbol no debe ser el único proyecto en su vida. Por ello mantiene firme su compromiso con los estudios y ya piensa en una carrera profesional.
Su meta académica es tan ambiciosa como la deportiva. Quiere estudiar medicina y convertirse en cirujano plástico.
La combinación de disciplina, metas claras y fortaleza mental parecen ser parte de la fórmula que le permitió destacar entre cientos de aspirantes.
Por eso, cuando se le pregunta qué consejo daría a los jóvenes que han intentado ingresar a un club profesional sin conseguirlo, responde desde la experiencia.
“No hay que caerse. A mí me ha pasado. Intentas y no se da, pero hay que seguir. Yo estuve a punto de dejar de entrenar, pero me puse una meta y seguí luchando para conseguir algo en el futbol”.
Sus palabras reflejan una realidad que muchas veces pasa desapercibida. Los clubes no buscan únicamente talento. También buscan carácter, capacidad de adaptación y mentalidad ganadora. Virtudes que se construyen tanto en los momentos de éxito como en los de fracaso.
Galería
Erick observa las camisetas que decoran la oficina de Delfines y que pertenecieron a futbolistas surgidos de esta cantera, como Brian Colula y Omar Tejeda, entre muchos otros, que llegaron a Primera División. Erick imagina que algún día la suya también podría ocupar un lugar en ese muro.

Por ahora, el joven extremo xalapeño ya dio el primer paso. Uno enorme.

El lunes comenzará su aventura en Puebla. Llevará consigo el respaldo de su familia, la formación por más de una década recibida en Delfines y la convicción de que los sueños se alcanzan trabajando todos los días.

Y es que antes de llegar a los grandes estadios, todo futbolista debe aprender a ganar el partido más importante, el de creer en sí mismo.
Dejar una contestacion